La regla del 80/20

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La regla del 80/20 es frecuentemente mencionada en toda la bibliografía de negocios y prácticamente todas las personas tenemos una idea general sobre la misma. El año pasado, lenta pero sistemáticamente comencé a cambiar mi forma de trabajar, más empujada por una serie de acontecimientos personales que por propia decisión. Cuando tomé conciencia de esos cambios y del impacto que estaban teniendo en mi vida por primera vez decidí “bajar la velocidad” y dedicarme a analizarlos y profundizarlos. Quiero destacar esto porque anteriormente nunca me había permitido “bajar la velocidad” pues, como toda persona que trabaja por su cuenta, no trabajar implica no tener ingresos, lujo que no me puedo dar. Sin embargo, la experiencia del año pasado me demostró fehacientemente (y me encaminó este año en una nueva dirección bastante menos estresante) que no siempre trabajar como loca/o es la mejor opción, ni la más rentable. En ese análisis de mi forma de trabajar, la regla del 80/20 comenzó a adquirir relevancia. Esto del 80/20 suena a estadística y en realidad lo es. Pero la buena noticia es que no necesita saber estadísticas para entender el concepto y utilizarlo. El principio debe su nombre al economista italiano Wilfredo Pareto (de ahí que también se lo conozca como principio de Pareto) quien observó que el 20% de la población de Italia recibía el 80% de los ingresos. De ahí que el “índice de Pareto” sea una medida de la desigualdad de la distribución de riqueza. Este principio no es una ley, sino una regla que puede aplicarse a otros aspectos de la vida. Habitualmente en los negocios se dice que el 80% de los beneficios provienen solo de un 20 % de los clientes. En realidad la relación 80/20 surge de las mediciones estadísticas, pero no es algo exacto, varía según los casos. Por eso no importa los números exactos, lo que importa es que hay ciertas actividades (y se aplica tanto a los negocios como a aspectos más personales), que podríamos definir como “nuestro 20%”, que es responsable del 80% de nuestros ingresos y de nuestros logros y satisfacciones personales. Lo interesante es ubicar esas pocas actividades que producen la mayoría de nuestros ingresos y satisfacciones. Y hablo de satisfacción en un plano general. A pesar de que el dinero es un factor de equilibrio muy importante, y que se encuentra influenciado por la relación 80/20, solo es uno de los componentes de una vida satisfactoria, que después de todo, debería ser nuestro principal objetivo. La regla del 80/20 en mi actividad Hace un par de años tenía un cliente que continuamente me mandaba trabajo, no terminaba de diseñar una folletería cuando ya había otra en el camino. Todo el tiempo se producían piezas y más piezas. Inclusive como mi impresora color era lenta para tanta actividad, compré otra de alta perfomance por este cliente. Un día, mientras me dedicaba a las tareas contables que toda empresa o emprendimiento tiene, empecé a sospechar que este cliente que me mantenía tan ocupada, no me dejaba tiempo para analizar la rentabilidad de tanta actividad. Al hacer un seguimiento de los meses anteriores, me di cuenta que actividad había mucha, pero los ingresos correspondientes eran bien pocos. Por eso es necesario analizar nuestros gastos e ingresos desglosado por cliente, por servicio y/o por producto y ver que pasa. Cuando analizamos nuestra tarea diaria encontramos una pequeña cantidad de actividades que son las que producen los mayores resultados, podríamos decir que son la clave de nuestra actividad. Si desglosamos esas tareas en sus componentes básicos, vamos a encontrar que unos pequeños ajustes pueden producir resultados dramáticos. Si respetan o no la proporción 80/20 no es lo relevante aquí, lo relevante es comprobar que hay unas pocas actividades que son las dominantes y que son en las que deberíamos enfocar nuestra energía. En cualquier emprendimiento es clave encontrar esas actividades, descartar las que solo insumen tiempo y recursos pero sólo aportan en forma marginal para liberar recursos (tiempo, dinero, esfuerzo) que nos permitan focalizarnos en ajustar las que si sirven. Trabaje más intensamente en las actividades que “trabajan para usted”. Aplique sus mejores habilidades a esas tareas y donde usted sienta que no puede resolverla satisfactoriamente, busque ayuda derivándola a otra persona que si posea la habilidad para resolverla bien. Quizás después de analizar concienzudamente sus actividades usted sienta que hay tareas o clientes que aunque no están dentro del 20% deseable, colaboran indirectamente. Por ejemplo son buenos referentes o son ese tipo de personas o empresas que cada vez que se presenta la oportunidad la recomiendan, lo que diríamos una buena fuente de referidos Es usted quien debe analizar su negocio, pero le aseguro por experiencia propia que no debemos temer descartar actividades o clientes que no aportan nada directa o indirectamente y que solo le quitan energía y recursos. En la vida diaria también se aplica la regla 80/20 Durante muchísimo tiempo me encargué de tareas que no me gustan y además, reconozco que hago mal. Hay momentos en los que no podemos librarnos de ellas, pero tenerlas identificadas, puede ayudarnos a establecer prioridades y derivarlas a otra persona que pueda hacerla más eficientemente en cuanto se nos presente la oportunidad. Esta práctica nos irá librando paulatinamente para disponer más creativamente de nuestro tiempo. En resumen: ponga el foco en las actividades que le producen los mejores rendimientos, tanto en la vida como en los negocios. La mayoría de las personas ansiamos ganarnos la vida haciendo algo que disfrutamos; la regla del 80/20 la/o guiará en ese sentido. Comience identificando lo que realmente la/o motiva, enfoque sus energías en ese sentido, analice las tareas y su colaboración a los resultados, vaya cambiando gradualmente (sus necesidades personales y sus posibilidades le impondrán el ritmo) la relación 80/20.

Fuente: Web: Mujeres de Empresa por Silvia Chauvin. 4/09/2006

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